The Full Stack Human··10 min de lectura

El que anuncia el paraíso y el que anuncia el fin venden lo mismo

Anthropic y OpenAI usaron el Super Bowl para pelearse por la publicidad. Harari advierte que la IA se va a quedar con el mundo por la burocracia. Los dos relatos venden el mismo producto: que esto es enorme y hay que mirarlo ya. Lo que pasa adentro es más aburrido — la burocracia no se toma, se abre por autorización.

En febrero, durante el Super Bowl, Anthropic gastó millones de dólares en una tanda de avisos burlándose de que su competidor metiera publicidad dentro de su chatbot. El mensaje era claro: Horas después, OpenAI lanzó la publicidad igual.

Treinta segundos en esa transmisión cuestan más de ocho millones de dólares. O sea que las dos empresas más importantes de inteligencia artificial del planeta usaron el evento televisivo más caro del mundo para discutir entre ellas sobre publicidad, gastando en publicidad.

No lo cuento como chisme de industria, porque ya el chisme es viejo. Lo cuento porque esa escena explica bastante mejor lo que está pasando que cualquiera de las profecías que vas a leer esta semana sobre el avance de la IA en nuestras vidas.

Doce meses

"Dentro de doce meses, el ser más inteligente del planeta ya no va a ser un humano."

Lo dijo Mo Gawdat, ex ejecutivo de Google, hace unos días, arriba de un escenario.

La misma semana escuché a Yuval Noah Harari, el de Sapiens, explicando algo más específico y bastante más distópico. Dice que la IA no va a tomar el poder con robots asesinos a lo Skynet, sino por la burocracia. Los sistemas que efectivamente gobiernan el mundo son bancos, registros, mercados, sistemas legales. Máquinas hechas de lenguaje: leyes, escrituras, asientos contables. Nunca nos gustaron ni fuimos buenos manejándolas (los que odian Excel están ahí), pero las manejamos igual porque no había nadie más en el planeta que pudiera sostener el andamiaje.

Somos malos en finanzas, dice, pero los caballos son peores.

Y de ahí sale lo más "relevante" de su charla. La vida de un caballo hoy está gobernada por el sistema financiero, y el caballo ni sabe que ese sistema existe. Mira alrededor y ve árboles, perros, casas. El mercado le es invisible porque es demasiado complejo para su cabeza. Vive adentro de algo que lo determina y que nunca va a entender.

De arranque suena trivial. Después tiene una vuelta de tuerca que pasa más cerca de lo que parece: el nuevo caballo podemos ser algunos de nosotros. Los que le damos aceptar a cada cosa que la máquina propone, sin leer, catorce veces por día.

Y no es una idea nueva por si la sentís familiar. Éric Sadin la llama vegetalización: delegar tanta agencia cognitiva que terminás siendo un nodo pasivo dentro de un sistema que no entendés. Uno llegó por el camino del historiador, el otro por el del filósofo, y los dos terminan parados en el mismo lugar.

Con ese diagnóstico estoy de acuerdo. Con el caso concreto que se usa como prueba, no.

El dato que casi nadie chequeó

En mayo, el gobierno argentino mandó al Congreso un proyecto de nueva Ley General de Sociedades. No es una reforma parcial: deroga la ley vigente hace casi cincuenta años y la reemplaza entera. Entre otras cosas crea una figura nueva, la Sociedad Automatizada: una empresa que puede desarrollar su objeto mediante sistemas algorítmicos autónomos o agentes de IA, sin necesitar intervención humana para su funcionamiento ordinario. Lleva la palabra "Automatizada" en la denominación, tiene personalidad jurídica plena y responsabilidad limitada, y responde con su propio patrimonio por los daños que causen sus sistemas.

Harari salió públicamente a advertir sobre esto. Lo describió como que Argentina le está por dar personería jurídica a la inteligencia artificial, con acceso directo a los sistemas financieros y políticos.

El proyecto no dice eso. Pero suena a película de terror bien orquestada.

La personalidad jurídica es de la sociedad, no de la IA. Los socios siguen siendo personas humanas o jurídicas. El texto no reconoce a un agente como sujeto de derecho. Daniel Vítolo, uno de los juristas que más trabajó el tema, aclaró que bajo la legislación vigente esas sociedades siguen necesitando administradores que sean personas. Y el proyecto está en comisiones del Senado, así que todo esto todavía puede cambiar.

No lo señalo para hacerme el policía de datos. Lo señalo porque el error va justo en la dirección que hace la tesis más dramática. Una empresa operada por algoritmos, cuyos dueños siguen siendo humanos y que responde con patrimonio, es una noticia interesante. Una inteligencia artificial reconocida como persona ante la ley es una noticia mucho mejor para llenar una sala.

Seguile el rastro

Volvamos al Super Bowl, y a mirar los números en vez de las intenciones.

Las tecnológicas gastaron 333 millones de dólares en avisos de televisión sobre inteligencia artificial en Estados Unidos durante 2025. Un 43% más que el año anterior y este año eso no ha cambiado. OpenAI puso un aviso de sesenta segundos por segundo año consecutivo. Anthropic gastó unos dieciséis millones solo en televisión.

Al mismo tiempo, OpenAI proyecta perder alrededor de catorce mil millones de dólares este año entre cómputo, investigación e infraestructura, y tiene una salida a bolsa en el horizonte con una valuación que se discute en cifras de doce ceros.

Poné esas dos cosas juntas: una empresa que quema catorce mil millones al año, que va camino a la bolsa, y que necesita que el mundo entero crea que lo que construyó es lo más importante que pasó en décadas.

No hace falta suponer una conspiración. Alcanza con mirar quién necesita que la historia sea grande.

Y del lado de los que advierten pasa lo mismo, con otro mecanismo. Cuanto más grande el problema que describís, más importante es la sala donde lo describís. A Davos no te invitan a explicar que la adopción se traba en el comité de seguridad. Te invitan si venís a decir que se viene el fin del trabajo humano y como eso puede ser rentable para "alguien".

El que anuncia el paraíso y el que anuncia el apocalipsis están, sin haberse puesto de acuerdo, vendiendo el mismo producto: que esto es enorme y que hay que mirarlo ya.

Y mientras tanto, abajo

Acá está la parte que me da gracia de todo esto.

En cualquier empresa grande que hayas pisado, esto te va a sonar. Hace unos años estuve tres meses esperando que aprobaran una licencia de veinte dólares. No veinte mil. Veinte. Tres meses de formularios, de cadenas de mail, de gente pidiendo la justificación de negocio y de otra gente esperando que la primera contestara. Y no era la excepción: así funciona la máquina, en esa empresa y en casi todas.

Ahora poné las altitudes en fila para estos 3 puntos:

  1. Gawdat dice doce meses para que la máquina sea más inteligente que cualquiera de nosotros.
  2. Harari dice que después se queda con los sistemas.
  3. El fabricante de software empresarial promociona algo que se llama, literalmente, Autonomous Enterprise, con doscientos y pico de agentes listos para ejecutar procesos de negocio.

Y abajo del todo estamos unos cuantos esperando tres meses una firma para una licencia de veinte dólares. O un permiso para desplegar un agente en producción.

No lo cuento para hacerme el vivo ni para disminuir esos relatos. Lo cuento porque esa distancia es el dato. Trabajo hace más de veinte años adentro de una de esas máquinas burocráticas. No la estudio: la opero. Y en todos estos años nunca vi que un sistema se tomara solo.

Lo que vi siempre fue lo mismo: alguien autoriza.

La burocracia no se toma. Se abre.

En la descripción que hace Harari arranca con las sociedades de los cavernícolas y termina con una IA omnipotente tomando la humanidad gracias a la burocracia. Aparece "algo" mejor administrando (que nosotros) y se queda con nuestro sistema, como una especie más apta que desplaza a otra. Es una imagen evolutiva, la cual funciona bárbaro en un escenario, y opera en el subconsciente sin que la cuestiones.

Pero adentro no pasa así.

Un agente no entra a un sistema productivo porque sea más inteligente que el que lo opera. Entra porque alguien le dio credenciales. Alguien decidió qué puede llamar y qué no. Alguien definió qué queda registrado. Y ese alguien tiene nombre, legajo, y un jefe que le va a preguntar cuando algo salga mal.

La burocracia no cae por conquista. Se abre por autorización. Y toda autorización tiene una firma abajo.

Eso cambia el escenario por completo y deja de ser qué va a hacer la IA con nuestros sistemas, y pasa a ser algo mucho más aburrido: quién está firmando, con qué criterio, y qué le pasa a esa persona si se rompe algo.

Un agente puede ejecutar, puede decidir, puede optimizar. No puede responder. Y todo el edificio que le preocupa a Harari está construido sobre la idea de que siempre hay alguien que responde.

Antes de que me des la razón

Tres cosas que juegan en contra de lo que acabo de decir, y te las dejo acá porque si no las va a poner otro con menos cuidado.

  1. Que la burocracia se defienda sola no es una virtud. Los tres meses para veinte dólares también frenan cosas buenas. La misma lentitud que hoy te protege de un agente mal configurado es la que te deja atrás de un competidor más chico. No se pueden pedir las dos cosas.
  2. La firma humana puede volverse un trámite. Alguien que aprieta aprobar catorce veces por día sin leer, porque tiene la bandeja llena. Ahí el nombre está, la responsabilidad formal está, y la decisión no está en ninguna parte. Eso pasa hoy, sin ninguna inteligencia artificial en el medio.
  3. Yo no soy neutral. Trabajo en tecnología, vivo de esto, y empujo la adopción de IA adentro de mi área. Cuando digo que el criterio humano sigue siendo el cuello de botella, estoy describiendo un mundo donde mi propio oficio sigue valiendo. Tenelo en cuenta al leerme.

Lo que sí conviene hacer

Y acá quiero cerrar distinto a como vengo cerrando, porque si te dejo solo con la desconfianza no te sirve de nada.

Nada de esto es un argumento para no usar inteligencia artificial. Yo la uso todos los días y me hace mejor en varias cosas. Es una de las herramientas más potentes que nos tocó tener, y quedarse afuera por miedo o por escepticismo mal calibrado es tan malo como comprar el relato entero.

El punto es otro, y es más aburrido que las dos versiones que se venden desde los escenarios: adaptarse sin entregar el criterio.

Usala para pensar mejor, no para dejar de pensar. Discutile. Pedile que te explique por qué eligió ese camino. Quedate con el razonamiento y no solo con el resultado. Y sobre todo, cuidá el reflejo de apretar aceptar por la recompensa rápida, que es lo que estas herramientas hacen tan bien que ni te das cuenta.

El caballo de Harari no perdió porque apareció algo más inteligente que él. Perdió porque nadie le preguntó nada. Porque el sistema que gobierna su vida se construyó sin que él estuviera en la sala, y para cuando existió, ya no había forma de entrar.

Nosotros todavía estamos en la sala. Firmamos, autorizamos, damos credenciales, decidimos qué se expone. No es una posición cómoda ni gloriosa: es trabajo aburrido, de permisos y de listas.

Pero es la sala. Y el día que la firma se vuelva un trámite que alguien aprieta sin leer, no vamos a haber sido reemplazados. Nos vamos a haber ido solos.

Pablo

P.D. Si trabajás en un lugar donde alguien va a tener que firmar esto, mandáselo a otro que también vaya a tener que firmarlo. Somos menos de los que parece.

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