Es bueno sentirse tonto al aprender algo nuevo de vez en cuando

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Es bueno sentirse tonto al aprender algo nuevo de vez en cuando

* Este artículo lo publiqué en Medium el 19/07/2017

La tonta revelación

Ayer fui a mi segunda clase de japonés y creo que tuve una especie de viaje al pasado a mi época de kindergarten.

Tenía bastante tiempo sin sentirme tan indefenso a nivel intelectual queriendo aprender algo que no tengo la minima idea y que al mismo tiempo me resulte tan complicado.

El japonés no es algo trivial de aprender: varios sistemas escritura, su fonética, la cultura inmersa en su aprendizaje, en fin, es algo que toma años para medio poder defenderse y lograr estar capacitado para entablar una conversación con alguien del archipiélago.

Esta falta de costumbre de no estar expuesto a un tema completamente desconocido y que demanda un gran esfuerzo de aprendizaje, me dio una especie de cachetada intelectual en la cual tuve esta conclusión o fact personal:

De viejos, tenemos miedo de aprender cosas nuevas.

Conozco mucha gente (y a veces me incluyo) que lamentablemente se siente a gusto con lo poco que sabe en determinados ámbitos de la vida.

Y eso esta mal.

Es triste ver como existiendo tanta información disponible no hay un mínimo de ganas e interés de tratar de cambiar nuestra realidad intelectual considerando lógicamente que cada dia que pasa es uno menos para aprender o desmitificar algo que erróneamente creemos conocer.

Es esa estúpida “ilusión de conocimiento” que por lo general nos sale a flote y que muchas veces de manera automática nos condiciona completamente nuestro comportamiento.

Ese mecanismo de defensa de nuestra zona de confort nos cierra a aprender nuevas cosas, ya sea por temor a cambiar nuestros paradigmas de pensamiento actuales con los cuales nos sentimos muy seguros o simplemente por simple comodidad, hasta el hecho de llegar a pelear con quien sea con tal de hacerlos valer por encima de cualquiera.

Esta tonta revelación me dejó 3 grandes interrogantes:

  • ¿Por que le huimos a aprender cosas nuevas?
  • ¿Será esa sensación de sentirnos tontos al principio a la cual le huimos o simple comodidad?
  • ¿Es miedo a lo desconocido o la tranquilidad que nos brinda el ser ignorantes o simplemente el miedo a que nos cambie nuestra manera de pensar?

Son preguntas que me vinieron a la mente porque es paradójico que en plena “sociedad del conocimiento” (aunque hay mucha gente que sostiene que cada vez estamos más estúpidos producto de la tecnología) sea más común de lo que se cree ver este tipo de comportamiento con la gente que nos rodea y hasta a veces con nosotros mismos.


Aprender cosas nuevas o salir corriendo a la zona de confort

A nivel laboral o en la misma rutina diaria, aprendemos cuando nos vemos forzados a hacerlo, pocas veces surge esa necesidad de aprender o que esta nazca de forma autoimpuesta por el simple deseo de saber.

Por lo general el flujo para aprender algo nuevo es algo así:

  1. Surgió el problema.
  2. Si mi cerebro no sabe como resolverlo, busco como otros lo hicieron (seguro en google esta).
  3. Aprendo sobre la marcha a cómo utilizar las herramientas que me ayudan a resolverlo.
  4. Itero en el proceso hasta dar con la solución del problema.
  5. Quizás haga una retrospectiva del asunto.

Cuando estábamos en la escuela aprender era algo obligatorio y este proceso lo hacíamos a cada rato.

No nos frustraba no entender en la primera, ni la segunda, ni la décima vez en el intento por aprender.

La tolerancia era alta al fracaso y la sed de conocimientos era algo innata en nosotros.

Era la única manera de aprender y a comenzar a entender el mundo que nos rodeaba.

Había algo innato en nosotros que nos impulsaba al conocimiento, quizás sea por el simple hecho de venir escrito a nivel genético dentro de nosotros.

Con el tiempo las distintas realidades que nos fueron acompañando en el tiempo (epigenética?) fueron moldeando esta necesidad continua de conocimiento y nos condicionó a decidir si era necesario o no aprender algo nuevo todos los días.

Es triste ver como algunos dejaron de aprender desde hace ya bastante tiempo, seguramente desde el momento en que ya no fueron “obligados” a hacerlo y no vieron necesidad en continuar en eso.

Cerraron la cortina y con lo que saben ya les alcanza para vivir las aventuras del día a día de sus rutinas.

Hoy por hoy son algunos pocos los adultos que tienen la necesidad innata de seguir siendo como cuando éramos niños. Esto quizás puede darse por el hecho de estar a la vanguardia en conocimientos en su ámbito profesional/intelectual o como simplemente por simple hambre de conocimiento.

Cuando se habla del hecho de aprender y mantenerse a nivel laboral, hay que estar claros que todo depende de la naturaleza de nuestro trabajo, hay unos más análiticos que otros, pero siempre podemos estar aprendiendo y complementando lo que sabemos.

Hasta que el vende pizzas, que pudiera pensarse que es un trabajo automático y sin mucho que aprender a simple vista, puede aprender nuevas formas de hacer la masa, nuevas formas de comercializar el producto, nuevas alternativas de cocción, nuevos gustos, etc.

Como dice Naval Ravikant en su podcast: El número de iteraciones de “hacer” es lo que impulsa la curva de aprendizaje, no la cantidad de horas haciendo exactamente lo mismo sin pensar.

El aprender debería ser un hobby o una manera de ver la vida, sencillamente para conocerla e interpretarla de la mejor forma posible.

Pero esto es complicado. Hoy hay muchos distractores en el ambiente y cada vez que nos enfrentamos a la posibilidad de aprender algo nuevo, nuestro cerebro pregunta (hipotéticamente) 2 preguntas así:

¿Qué gano con aprender algo desconocido sino lo necesito en este momento?

¿Realmente voy a invertir mi “valioso tiempo” en tratar de aprender algo nuevo sin que me reporte algún tipo de ganancia material inmediata?

Y por lo general respondemos no y no.

Pasados unos segundos y con un relativo sentimiento de culpa el cerebro saca una conclusión de este estilo:

La verdad es que prefiero distraerme, es “gratis” 0 nivel de esfuerzo y no necesito enfocar mi atención en algo complicado, me genera dopamina, mi droga favorita.

Lo mejor de todo es que distraerme lo tengo al alcance de los dedos gracias a las redes sociales y si me aburro de ellas puedo seguir procrastinando que también me gusta.


La necesidad de aprender por simplemente aprender

Si no hay una sed de conocimientos auto-impuesta en nosotros es imposible lograr salir de la ignorancia ayudado por alguien.

No conozco cuales son las explicaciones del porqué a veces nos cuesta tanto querer aprender algo nuevo o simplemente nos cerramos a ese simple hecho, pero es algo que hay que combatir en lo posible.

Es obvio que es una realidad el que exista gente que se siente a gusto con su ignorancia y esta bien que se de así, cada quien en lo suyo, pero no lo comparto.

Alguien que no tiene deseos de aprender cosas nuevas es un ignorante y como individuo aporta poco a una sociedad y poco y nada cuando se desenvuelve en un entorno laboral.

No digo que todo el mundo tiene que ser científico o fanático del conocimiento, eso sería algo estupido, pero querer ser un poco menos ignorante que ayer es un plus que considero valioso como ser humano.

Si te quedaste escéptico en relación a este pseudo-análisis, es bueno que te respondas a ti mismo esta pregunta:

¿Cuándo fue la última vez que aprendiste algo completamente nuevo por que simplemente te nació aprenderlo y no fue una obligación?

Espero que no se haga un silencio incómodo dentro de tu cabeza en este preciso instante…

El loro viejo

Volviendo a lo del miedo de algunos por aprender cosas nuevas en una etapa madura de la vida, hay que recordar que el culpable de toda esta situación es este estúpido refrán:

“Loro viejo no aprende a hablar

Para mi es uno de los refranes más destructivos que existe (se que se me pasó la mano con la definición y que suena un poco loco lo que estoy diciendo) pero este refrán es en gran parte el culpable de que muchos de nosotros nos sintamos bien y a gusto en la ignorancia.

En lo personal creo que lo inventó alguien para justificar su propia ignorancia ante los demás y de esa forma que lo dejen tranquilo, pero la cosa trascendió bastante rápido y se hizo un refrán de culto.

Ese refrán es una de las formas de programación mental más dañinas que he visto.

Son unas simples palabras que se nos incrustan en el cerebro de forma automática y a manera de “encantamiento” nos condicionan de facto a asumir que no podemos aprender nada nuevo.

Y también este refrán se ha convertido en el mejor recurso a utilizar para tirar la toalla en cualquier momento que se nos ponga complicada la cosa.

Este recurso se hace hoy más válido que nunca con la “cultura de la inmediatez”, que nos rodea en tiempo real, permitiendo que se genere el escenario ideal para mantenernos dispersos y hacernos desistir de enfocarnos en aprender algo que realmente valga la pena.


El costo de ser ignorante y la inteligencia artificial

Hay una especie de regla autoimpuesta a nivel personal de aprender a vivir con nuestras limitaciones intelectuales y de no hacer nada para cambiar esa realidad. Es casi un hecho y algunos pocos son los privilegiados que se dan cuenta de eso y lo revierten a su favor.

Se aprende muy fácil a ser ignorante y es gratis, pero puede ser muy costoso en un futuro no muy lejano.

En plena sociedad del conocimiento tener esa actitud “pro-ignorante” es un contrasentido, pero es más común de lo que creemos y es totalmente normal ver gente que no tiene deseos de aprender nada nuevo y mucho menos de cambiar viejos paradigmas de pensamiento cuando están profundamente arraigados en nosotros.

Cuando se habla que el costo de ser un ignorante en nuestros puestos de trabajo es peligroso, solo basta ver las últimas tendencias en tecnología y darse cuenta que todas convergen a una sola cosa: La inteligencia artificial (IA).

Si, esa inteligencia que no es humana, que está dentro de unos sistemas de cómputo entrenándose y aprendiendo constantemente con inmensos cantidades de datos que nosotros mismos generamos y que seguramente en poco tiempo estará haciendo nuestro trabajo de una mejor forma que nosotros y de una forma más barata y optimizada.

Solo basta ver la noticia de hace unos meses en donde Facebook tuvo que “apagar” 2 programas pilotos de IA por que ya habían inventado un lenguaje entre ellos y se comunicaban de forma autónoma.

Sí, la cosa va enserio (y no a lo tipo Terminator) hay que creerle también a lo que viene diciendo Elon Musk, y este tipo algo claro tiene referente al tema y mejor pensado que muchos de nosotros.

Si tienes una profesión que use computadoras o que tus tareas cotidianas puedan ser modeladas a nivel computacional de alguna manera, creo que es necesario ir pensando en un “plan B y también porque no en el plan Z”.

Quizás al menos barajar la posibilidad en ir aprendiendo algo adicional/complementario a nuestro fuerte laboral, ya que más adelante nos podría servir para defendernos en un futuro no tan distópico y ultra-automatizado.

Sin ir muy lejos la inteligencia artificial es una preocupación (y bendición para los que la saben usar y sacan partido de ella) que muchos tienen hoy por hoy y que se irá acrecentando con el pasar del tiempo, ya que el convivir con ella implica un cambio de paradigmas de pensamiento y hasta de comportamiento de la sociedad en la que vivimos actualmente.

Cada vez estamos más “gobernados” por algoritmos que quieren saber qué pensamos, que queremos y que nos gusta. Conocerlos, aprender de ellos y desarrollarlos es una ventaja competitiva sobre el resto que quiere permanecer ignorantes en este momento.

Por eso aquellos que están acostumbrados a no pensar mucho y les cuesta adaptarse a los nuevos cambios, puede que en menos tiempo de lo que ellos creen les toque inevitablemente transformarse en individuos “inempleables” y repensar su existencia para insertarse en una sociedad altamente automatizada.

En conclusión

Sentirse tonto al querer aprender algo nuevo y dar tropiezos al principio es lo más normal que nos puede pasar, lo único importante es tratar de no ser impacientes y ser consistente en el tiempo.

Alta tolerancia al fracaso = aprendizaje asegurado = éxito.

La alta tolerancia al fracaso entre las iteraciones de aprendizajes fallidos es lo que nos dará la ventaja competitiva sobre aquellos que no pasan el filtro de las 2 preguntas que se hizo el cebrero al preguntarse si vale la pena aprender o no.

La satisfacción de no ser tan ignorante como lo éramos ayer es gratificante y aunque no genere un valor monetario instantáneo, genera un valor a nivel intelectual que vale la pena asumir.

Es lo que nos ayudará a ser valiosos en una sociedad altamente competitiva y lo que nos permitirá desarrollar en nosotros lo que llama Scott Adams la “pila de talentos”

Invertir algo de tiempo en un libro, leer un buen artículo, hacer un curso de cualquier tema desconocido o que simplemente nos interese, puede cambiar nuestra forma de pensar de manera radical y beneficiarnos a corto plazo.

Esto a la larga nos proporcionará herramientas que nos permitan adaptarnos y desenvolvernos de mejor forma en nuestra vida diaria como también en el plano profesional.

La mejor forma de contrarrestar ese modo de pensar y de andar por la vida con una estúpida “ilusión de conocimiento”, es teniendo siempre a la mano la archiconocida reflexión de Sócrates:

“Solo sé que no se nada”

Y a estar abiertos a aprender. El mundo del conocimiento es vasto y nuestro conocimiento de él es ínfimo.

Ser humilde en términos intelectuales y tener hambre de conocimiento nos hace estar predispuestos al éxito en cualquier plano de la vida.

No es casual que la gente con más dinero en el mundo y seguramente más brillante, viva gran parte de su día a día tratando de aprender cosas nuevas y leyendo sobre los más variados temas posibles.

Darnos cuenta que nos sentimos algo tontos porque somos temporalmente neófitos en un tema en específico, debería de hacernos sentir bien porque sabemos que en ese preciso momento estamos dando el primer paso para una nueva experiencia de nuevos conocimientos.

Procurando ser cada día menos ignorantes mediante el aprendizaje continuo, nos puede aumentar las probabilidades de tener un “trabajo decente” cuando las máquinas reinen el mundo.


Gracias por la lectura!

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